" Lo  único que puede faltar en cualquier situación es lo que tú no has dado."

Las relaciones tienen sentido porque son oportunidades de expandir nuestro corazón y de llegar a amar más profundamente. El Espíritu Santo es el mediador de los milagros, una guía para vernos a nosotros mismos de una manera  diferente en relación con otras personas. Observo cómo mi bebé expande su amor hacia todos los seres que encuentra. Todavía no ha aprendido que hay gente peligrosa. Nada se interpone entre su natural impulso amoroso y su expresión del amor. Sonríe con la ternura de sus verdaderos sentimientos. Un día tendré que enseñarle que no toda expresión de amor es apropiada. Pero cerrar la puerta no es lo mismo que cerrar el corazón. El reto más grande de mi condición de madre será ayudarle a mantener el corazón abierto mientras vive en un mundo que inspira tanto miedo.
En realidad, no podemos dar a nuestro hijos lo que nosotros mismos no tenemos. En ese sentido, el mayor regalo que  puedo hacer a mi hija es seguir trabajando en  mí misma. Los niños aprenden más por medio de la imitación  que de ninguna otra forma. Nuestra mayor oportunidad de influir positivamente en la vida de otra persona es aceptar en la nuestra el amor de Dios.
Uno de los principios básicos de los milagros en las relaciones es que debemos mirarnos a nosotros mismos - nuestras propias lecciones, nuestros pensamientos y nuestro comportamiento - para encontrar la paz con otra persona. "La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo ". El ego nos tentará siempre a pensar que el fracaso de una relación tiene que ver con lo que  "el otro" hizo mal, con lo que  "el otro" no ve o con lo que "el otro"  necesita aprender. Pero el foco debe  seguir estando en  nosotros mismo. La falta de amor de los demás nos afecta sólo en la medida en que los juzgamos en función de ella. De otro modo somos invulnerables al ego, como tiene que serlo el Hijo de Dios.
A veces la gente me dice:
-Pero, Marianne, yo creo que el noventa por ciento del problema proviene de "su" comportamiento.
-Muy bien-les respondo-. Entonces tenemos un diez por ciento para investigar y aprender.
Ese diez por ciento que es "tu" parte es lo que necesitas mirar, y de donde puedes aprender. Es lo quqe te llevarás contigo cuando empieces a actuar en el próximo guión. El ego lo sabe, y por eso procura poner el foco en la otra persona. El propósito del ego es llevarnos continuamente a la autodestrucción sin que sepamos lo que estamos haciendo. Ya es bastante  difícil, depurar tu propio comportamiento; el empeño en depurar el del otro no es más que una treta del ego para disuadirte de que te dediques a estudiar tus propias lecciones. Para aprender todo lo posible de las relaciones, tienes que concentrarte en tus propios problemas.
Actualmente es muy común  que la gente se queja de que su problema es que siempre "se equivoca" al escoger a otra persona. Aquí, el ego es muy insidioso. Trata de convencernos de que estamos asumiendo la responsabilidad del problema, cuando en realidad no lo hacemos más que en un grado mínimo. Como nuestra descripción del problema sigue señalando algún culpable, no puede sino llevarnos a una oscuridad más densa, no a la luz. "Sigo escogiendo a personas que no son capaces de asumir un compromiso": esta no es la percepción de una mente orientada hacia el milagro. Un planteamiento más inteligente sería: " ¿Hasta qué punto estoy preparado, en lo más profundo de mi ser, para dar y recibir amor de manera íntima y comprometida ? ". O bien: " ¿ Cómo puedo perdonarme el modo en que participé en su miedo o contribuí a generarlo ? ".
A veces parece como si estuviéramos enganchados: nos sentimos obsesionados o compulsivos en relación con otra persona. En este caso, es bastante seguro que, en algún nivel, no permitimos que ésa persona se desenganche. A pesar de la tentación de buscar fuera de nosotros tanto la fuente como la respuesta de un problema, adquiriremos una mentalidad orientada hacia el milagro si las buscamos dentro de nosotros. El precio que pagamos por no asumir la responsabilidad de nuestro propio dolor es no llegar a darnos cuenta de que podemos cambiar nuestras condiciones si cambiamos nuestros pensamientos. Independientemente de quién inició una interacción dolorosa, o qué parte del  error es atribuible al pensamiento del otro, el Espíritu Santo siempre nos ofrece la posibilidad de escapar completamente del dolor si buscamos refugio en el perdón. No es necesario que la otra persona participe conscientemente con nosotros en el cambio. " El que esté más cuerdo de los dos en ese momento - dice Un curso de milagros -  debe invitar al Espíritu Santo a la situación. No importa que la otra persona no comparta nuestra disposición a dejar que intervenga Dios. Todo  lo que necesitamos en la vida existe ya dentro de nuestra cabeza.
Una vez me encapriché con un homosexual. Quizá fuera irrazonable, pero no podía quitármelo de la cabeza. Cuando pedí un milagro, me dije a mí misma: " Marianne, estás obsesionada, y no te liberas de ello porque no quieres liberarlo a él Acéptalo como es. Déjalo libre de estar donde quiera, de hacer lo que desee hacer y con quien quiera hacerlo. Lo que falta aquí es lo que tú no das. Lo que te causa dolor es lo que tú le hace a él. Emocionalmente, tu ego está tratando de controlarlo, y por eso te  sientes controlada por tus emociones". Lo entendí, y cuando mentalmente lo dejé libre, me sentí  liberada.
VOLVER AL AMOR
MARIANNE WILLIAMSON.

Resumen de un Curso de Milagros
Michael Dawson

"Tal vez te sorprendas oír cuán diferente es la realidad de eso que ves". Nuestros sentidos nos comunican un mundo aparentemente real y verdadero. El Curso, no obstante, nos informa que pasamos el tiempo de sueño o de vigilia, soñando con una aparente separación e Dios. Nuestra verdadera naturaleza es, sin embargo, espiritual, como Dios nos creara, y así será eternamente. Se describe a Dios como perfecto, sin límites y sin forma, eterno y sin cambios, y así por consiguiente debe ser Su creación, el Cristo o Hijo de Dios. Nada de nuestro universo puede ser descripto por cualquiera de estas palabras y, por lo tanto, no puede haber sido creado por Dios. Nosotros somos ideas en la mente de Dios y, como ideas, no podemos dejar Su Mente. Esta perfecta unidad de Dios y el Cristo es el Cielo, y nada puede amenazarlo.
Por razones que no entendemos, un pensamiento de separación de Dios, que el Curso llama ego, entró en la mente colectiva de la Filiación. Esta idea., de la cual olvidamos reírnos, establecía que podríamos tomar el lugar de Dios y transformarnos en el Creador. La respuesta de Dios a esto fue la creación del Espíritu Santo en nuestra mente, para corregir esta "minúscula idea demente" de separación. 
Al elegir no escuchar la Voz de Dios, sentimos un agobiante pesar por el pecado que creemos haber cometido. Desde esta perspectiva  nos invade el sentimiento de culpa y de temor al  castigo de Dios. Nuestra mente queda dividida en la mente equivocada del ego, la mente correcta del Espíritu Santo y el  Hijo dormido de Dios (que decide) que  ahora tiene que decidir a quién escuchar. El ego nos advierte que no vamos a sobrevivir a la ira vengativa de Dios, representada por la presencia del Espíritu Santo en nuestra mente. Muertos de miedo lo escuchamos y nos identificamos con el consejo del ego y proyectamos el pensamiento de separación fuera de la mente como una imagen. Esta imagen es el universo físico donde ahora nos podemos ocultar de nuestra culpa y de la ira de Dios.
El olvido cae sobre nuestra decisión y así es como este mundo ilusorio nos parece muy real. Pero todavía estamos a salvo en el Cielo, aunque estamos perdidos en el sueño del exilio. Tan fuerte es esta ilusión que no podríamos despertar sin la ayuda del Espíritu Santo. Nuestro cuerpo ahora nos parece una realidad y no el  espíritu cuya visión se nos reveló. El ego nos enseña a negar nuestra culpa proyectándola en otros. Nuestra culpa, que no es más que el aborrecimiento de nosotros mismos, ahora parece creada por la gente y por circunstancias externas. Nos sentimos justificados por la ira que sentimos hacia los demás, y el atacarlos en defensa propia se transforma en una necesidad (relación de odio especial). Al sentir una gran carencia en nuestro interior obedecemos al ego, que nos aconseja encontrar algo que pueda satisfacer nuestras necesidades imaginarias: seguridad, sexo, dinero, carrera, etc. (relaciones espaciales de amor).
Para despertar de este sueño y recuperar la visión perdida, necesitamos deshacer nuestra creencia en la separación de Dios. El plan del Espíritu Santo para nuestro despertar se llama "Expiación" ( corrección de la percepción). Comenzamos a aprender que el mundo no es sino un espejo  neutral para las creencias de nuestra mente.Ninguna persona, ningún hecho tiene el poder de darnos o quitarnos la paz interior. Cuando algo o alguien de "afuera" nos perturba, es porque solamente estamos viendo una proyección de alguna parte de nuestra mente que no está perdonada.
Si tenemos la "pequeña voluntad" de permitir que entre en nuestra mente el consejo que nos da el Espíritu Santo de perdonar, podremos empezar a deshacer la separación uniéndonos con otros.
Perdonamos quitando nuestras proyecciones del mundo, y luego trayéndolas de vuelta a la mente donde se originaron. Ahora tenemos la oportunidad de curar nuestra mente al dejar de juzgar el contenido de su ego. Es nuestro propio juicio el que impide que el Espíritu Santo cure la mente. La culpa exige castigo, no curación.
Cuando aprendemos a dejar de juzgarnos, permitimos que las nubes de culpa de nuestra mente se desvanezcan por la radiación del siempre presente amor del Espíritu Santo. Este cambio de percepción del mundo del ego de separación y ataque  al consejo del Espíritu Santo de unión y perdón, es lo que el Curso  llama  "milagro". Cuando practicamos el perdón en nuestras relaciones, comenzamos a deshacer la culpa que en nuestra mente cubre la memoria del amor de Dios. Comenzamos a ver que no escapamos de la ira de Dios, sino del amor de Dios. Permitir que vuelva la conciencia del amor de Dios a nuestra mente, es lograr la desaparición del ego, y ése es nuestro temor más grande.
Las relaciones se transforman en clases en las que aprendemos a perdonarnos perdonando a otros (relaciones santas).
Jesús nos da el mejor ejemplo enseñándonos esta lección de perdón. Nos damos cuenta cada vez más de que cuando alguien nos ataca a través del miedo, realmente está pidiéndonos amor. De esta manera empezamos a permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro mundo, que pasa de ser una prisión del ego a ser un ardid de enseñanza que nos despertará del sueño de la separación para posibilitarnos el acceso al mundo real de la visión.
Con el redespertar de la mente del conocimiento de quienes somos verdaderamente, andaremos por este mundo con perfecta paz, con una alegría interior que nadie ni nada nos podrá quitar. Ahora percibiremos a todos como nuestros hermanos y  hermanas cuya realidad es eterno espíritu y a quienes extenderemos el amor del Espíritu Santo.
LECCIÓN 46

Dios es el A mor en el que perdono.

Dios no perdona porque nunca ha condenado. Y primero tiene que haber condenación para que el perdón sea necesario. El perdón es la mayor necesidad de este mundo, y esto se debe a que es un mundo de ilusiones. Aquellos que perdonan se liberan a sí mismos de las ilusiones, mientras que los que se niegan a hacerlo se atan a ellas. De la misma manera en que sólo te condenas a ti mismo, de igual modo, sólo te personas a ti mismo.
Pero si bien Dios no perdona, Su Amor es, no  obstante, la base del perdón. El miedo condena y el amor perdona. El perdón, pues, des-hace lo que el miedo ha producido, y llega de nuevo a la mente a la conciencia de Dios. Por esta razón, al perdón puede llamársele verdaderamente salvación. Es el medio a través del cual desaparecen las ilusiones.
Los ejercicios e hoy requieren por lo menos tres sesiones de práctica de cinco minutos completos, y el mayor número posible de las más cortas. Como de costumbre, comienza las sesiones de pr´´actica más largas repitiendo la idea de hoy para tus adentros.  Cierra los ojos mientras lo haces, y dedica un  minuto o dos a explorar tu mente en busca de aquellas personas a quienes no has perdonado. No importa en qué medida no las hayas perdonado. O las has perdonado completamente o no las has perdonado en absoluto.
Si estás haciendo los ejercicios correctamente no deberías  tener ninguna dificultad en encontrar un buen número de personas a quienes no has perdonado. En general, se puede asumir correctamente que cualquier persona que no te caiga bien es un sujeto adecuado. Menciona cada una de ellas por su nombre, y di:

 ( Nombre ) , Dios es el Amor en el que te perdono.

El propósito de la primera fase de las sesiones de práctica de hoy es colocarte en una posición desde la que puedes perdonarte a ti mismo. Después que hayas aplicado la idea a todas las personas que te hayan venido a la mente, di para tus adentros:

Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo.

Dedica luego el resto de la sesión a añadir ideas afines tales como:

Dios es el Amor con el que me amo a mí mismo.
Dios es el Amor en el queme alzo  bendecido.

El modelo a seguir en cada aplicación puede variar considerablemente, pero no se debe perder de vista la idea central. Podrías decir, por ejemplo:

No puedo ser culpable porque soy un Hijo de Dios.
Ya he sido perdonado.
El miedo no tiene cabida en una mente que Dios ama.
No tengo necesidad de atacar porque el amor  me ha perdonado.

La sesión de práctica debe terminar, no obstante, con una repetición de la idea de hoy en su forma original.
Las sesiones de práctica más cortas pueden consistir ya sea en una repetición de la idea de hoy en su forma original, o en una afín, según prefieras. Asegúrate, no obstante, de aplicar la idea de manera más concreta si surge la necesidad. Esto será necesario en cualquier momento del día en el que te percates de cualquier reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no. En tal caso, dile silenciosamente:

Dios es el Amor en el que te perdono.



¿ Crees realmente que puedes fabricar una voz que pueda a hogar a la de Dios ?
¿ Crees  realmente que puedes inventar un sistema de pensamiento que te pueda separar de Él ? ¿ Crees  realmente que puedes encargarte de tu seguridad y de tu dicha mejor que Él ? No  tienes que ser ni cuidadoso ni descuidado; necesitas simplemente echar sobre Sus Hombros toda angustia, pues Él cuida de ti. Él cuida de ti porque te ama. Su Voz te recuerda continuamente que tienes motivos para sentirte esperanzado debido a que estás a Su  cuidado. No puedes elegir excluirte de Su cuidado porque ésa no es Su voluntad, pero puedes elegir aceptar Su cuidado y usar el poder infinito de éste en beneficio de todos los que Él creó mediante él.
. . .
¿ Porqué prestarle atención a las continuas y dementes exigencias que crees que se te hacen, cuando puedes saber que la Voz que habla por Dios se encuentra en ti ? Dios te encomendó Su Espíritu, y te pide que tú le encomiendes el tuyo. Su Voluntad dispone que èste permanezca en perfecta paz porque tù eres de una misma mente y de un mismo espíritu con Él. El último recurso desesperado del ego en defensa de su propia existencia es excluirte de la Expiación. Ello refleja a la vez la necesidad del ego de mantenerse separado, y el hecho de que tú estás dispuesto a ponerte de parte de la separación por la que él aboga. El hecho de que estés dispuesto a ello significa que no quieres sanar.
Pero ha llegado el momento. No se te ha pedido que elabores el plan de la salvación porque, como ya te dije anteriormente, el remedio no  pudo haber sido obra tuya. Dios Mismo te dio la Corrección perfecta para todo lo que has inventado que no esté de acuerdo con Su santa Voluntad. Te estoy haciendo perfectamente explícito Su plan, y te diré también cuál es tu papel en él y  cuán urgente es que lo lleves a cabo. Dios se lamenta ante el  " sacrificio " de Sus Hijos que creen que Él se olvidó de ellos.
Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. Al percibir eso como un pecado te pones a la defensiva porque prevés un ataque. Tú eres el que toma la decisión de reaccionar de esa manera, y, por lo tanto, la puedes revocar. No puedes revocarla arrepintiéndote en el sentido usual de la palabra porque eso implicaría culpabilidad. Si sucumbes al sentimiento de culpabilidad, reforzarás el error en vez de permitir que sea des-hecho.
Tomar esta decisión no puede ser algo difícil. Esto es obvio, si te percatas de que si no te sientes completamente dichoso es porque tú mismo así lo has decidido. Por lo tanto, el primer paso en el proceso de des-hacimiento es reconocer que decidiste equivocadamente a sabiendas, pero que con igual empeño puedes decidir de otra manera. Sé muy firme contigo mismo con respecto a esto, y mantente plenamente consciente de que el proceso de des-hacimiento, que no procede de ti, se encuentra no obstante en ti porque Dios lo puso ahí. Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación en paz. Repite para tus adentros lo que sigue a continuación tan sinceramente como puedas, recordando que el Espíritu Santo responderá de lleno a tu  más leve invitación:

Debo hacer decidido equivocadamente porque no estoy en paz.
Yo mismo tomé esa decisión, por lo tanto,  puedo tomar otra.
Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz.
No me siento culpable porque el Espíritu Santo, si se lo permito,
anulará todas las consecuencias de mi decisión equivocada.
Elijo permitírselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí.

UN CURSO DE MILAGROS
CURACIÓN Y PLENITUD
CAP. VII. La Decisión en favor de Dios.
. . .
¿ No crees que el mundo tiene tanta necesidad de paz como tú ? ¿ No te gustaría dársela  en la misma medida en que tú deseas recibirla ? Pues a menos que  la des, no la recibirás. Si quieres recibirla de mí, tienes que darla. La curación no procede de  nadie más. Tienes que aceptar dirección interna.  La dirección que recibas no puede sino ser lo que quieres, pues, de lo contrario, no tendría sentido para ti. Por eso es por lo que la curación es una empresa de colaboración. Yo puedo decirte lo que tienes que hacer, pero tú tienes que colaborar teniendo  fe en que yo sé lo que debes hacer. Sólo entonces decidirá tu mente seguirme. Sin esta decisión no podrías curar porque ello supondría que habrías decidido en contra de la curación, y este rechazo de lo que yo he decidido para  ti impediría la curación.
La curación es un reflejo de nuestra voluntad conjunta. Esto resulta obvio cuando se examina el propósito de la curación. La curación es la manera de superar la separación. La separación se supera mediante la unión. No se puede superar separando. La decisión de unirse tiene que ser inequívoca, o, de lo contrario, la mente misma estaría dividida e incompleta. Tu mente es el medio por el cual determinas tu propia  condición, ya que la mente es el mecanismo de decisión. Es el poder mediante el que te separas o te unes, y, consecuentemente, experimentas dolor o alegría. Mi decisión  no puede imperar sobre la tuya porque la tuya es tan poderosa como la mía. De no ser así, los Hijos de Dios no gozarían de perfecta igualdad. No hay nada que nuestra voluntad conjunta no pueda lograr, pero la mía sola no puede ayudarte. Tu voluntad es tan libre como la mía, y ni siquiera Dios Mismo se opondría a ella. Yo no  puedo disponer lo que Dios no dispone. Puedo ofrecerte mi fuerza para hacer que la tuya sea invencible, pero no puedo oponerme a tu decisión sin rivalizar con ella y, consecuentemente, sin violar lo que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti.
Nada que Dios creó puede oponerse a tu decisión, de la misma manera  en que nada que Dios creó puede oponerse a Su Voluntad.  Dios le dio a tu voluntad el poder que ella posee, y yo no puedo sino respetarlo en honor de Su poder. Si quieres ser como yo, te ayudaré, pues sé que somos iguales.  Si quieres ser diferente, aguardaré hasta que cambies de parecer. Yo puedo enseñarte, pero tú tienes que elegir seguir mis enseñanzas. ¿ Cómo podría ser de otra manera, si el Reino de Dios es libertad ? Nadie puede aprender lo que es la libertad si está sometido a cualquier clase de tiranía, y la perfecta igualdad de todos los Hijos de Dios  no se podría reconocer si una mente ejerciese dominio sobre otra. Los Hijos de Dios gozan de perfecta   igualdad en lo que respecta a su voluntad, por ser todos ellos la Voluntad del Padre. Ésta es la única lección que vine a enseñar.
Si tu voluntad no fuese la mía tampoco podría ser la de nuestro Padre. Esto significaría que habrías aprisionado la tuya, y que no  le  has permitido ser libre. Solo no  puedes hacer nada porque solo no eres nada.  Yo no soy nada sin el Padre y tú no eres nada sin mí porque la negar al Padre te niegas a ti mismo. Siempre me acordaré de ti, y en el hecho de que me acuerde de ti radica el que tú te acuerdes de ti mismo. En nuestro mutuo recuerdo radica nuestro recuerdo de Dios. Y es ese recuerdo radica tu libertad porque tu libertad está en Él. Únete, pues, a mí en alabanza de Él y de ti que fuiste creado por Él. Éste es nuestro regalo de gratitud hacia Él, que Él a Su vez compartirá con todas Sus creaciones, a las que da por igual todo lo que es aceptable para Él. Por ser aceptable para   Él, es el regalo de la libertad, que es lo que Su Voluntad dispone para todos Sus Hijos. Al ofrecer libertad te liberarás
La libertad es el único regalo que les puedes ofrecer a los Hijos de Dios, ya que es el reconocimiento de lo que ellos son y de lo que Él es. La libertad es creación porque es amor. No amas a quien tratas de aprisionar. Por lo tanto, cuando tratas de aprisionar a alguien, incluyéndote a ti  mismo, no le amas y no te puedes  identificar con él. Cuando te aprisionas a ti mismo pierdes de vista tu verdadera identificación conmigo y con el Padre. Tu identificación es con el Padre y con el Hijo. Es imposible que te identifiques con uno y no con el otro. Si eres parte de uno, eres parte del otro, ya que ambos son uno. 
. . .
UN CURSO DE MILAGROS
FOUNDATION FOR INNER PEACE

LA RENUNCIA A LOS RESULTADOS
"NUNCA PERDERÁS EL RUMBO, PUES DIOS ES QUIEN TE GUÍA."
Cuando  nos entregamos a Dios, nos entregamos a algo mayor que nosotros, a un universo que sabe lo que está haciendo. Cuando abandonamos el intento de controlar los acontecimientos, éstos se suceden por sí solos en un orden natural, un orden que funciona. Nosotros descansamos, mientras un poder mucho mayor que el nuestro se hace cargo de todo y lo hace mucho mejor que nosotros. Aprendemos a confiar en que el poder que  mantiene unidas la galaxias puede manejar las circunstancias de nuestra vida, relativamente poco importantes. La entrega significa, por definición, renunciar al apego a los resultados. Cuando nos entregamos a Dios, nos desprendemos de nuestro apego a la forma en que suceden las cosas afuera y empezamos a preocuparnos más por lo que pasa en nuestro interior. La experiencia del amor es una opción que hacemos, una decisión de la mente: ver el amor como el único objetivo y el único valor real en cualquier situación. Mientras no elegimos esta opción, seguimos luchando por obtener resultado que creemos que nos harían felices. Pero todos hemos adquirido cosas que pensábamos que nos harían felices, sólo para descubrir que no era así. Esta búsqueda externa de cualquier cosa - menos el amor - que nos complete y sea la fuente de nuestra felicidad, es la idolatría. El dinero, el sexo, el poder o cualquier otra satisfacción mundana no nos ofrecen más que un alivio temporal de nuestro pequeño dolo existencial.
" Dios " significa amor, y  "voluntad" significa pensamiento. La voluntad de Dios es, pues, un pensamiento de amor. Si Dios es la fuente de todo bien, entonces el amor que hay dentro de nosotros también es la fuente de todo bien. Cuando amamos, nos colocamos automáticamente en un contexto de actitudes y comportamientos que conducen a un despliegue  de  acontecimientos en el nivel supremo del bien para todos los afectados. No siempre sabemos cómo será ese despliegue, pero tampoco lo necesitamos. Dios hará Su parte si nosotros hacemos la nuestra. Nuestra única tarea en cada situación consiste simplemente en aflojar nuestra resistencia al amor. Lo que entonces suceda es asunto Suyo. Nosotros hemos renunciado al control. Estamos dejándole conducir a Él. Tenemos fe en que sabe cómo hacerlo. 
El tópico dice que algunas persona son más fieles que otras. Una aseveración más verdadera es que, en algunos dominios, algunos de  nosotros estamos más entregados que otros. Lo primero que entregamos a Dios, ciertamente, son las cosas que no nos importan demasiado. Hay personas que no tienen inconveniente en abandonar su apego a los objetivos profesionales, pero no hay manera  de que renuncien a las relaciones románticas, o viceversa. Todo lo que en realidad no no importa tanto . . .  estupendo,  Dios puede disponer de ello. Pero si es realmente importante, nos parece mejor administrarlo nosotros. La verdad, naturalmente, es que cuanto más importante sea para nosotros, tanto más importante es renunciar a ello. Aquello que se entrega es lo que mejor cuidado estará. Poner algo en las manos de Dios es entregarlo mentalmente a la protección y el cuidado de la sociedad de beneficencia del universo. 
Guardárnoslo para nosotros significa un constante aferrar, atrapar y manipular. Continuamente abrimos el horno para ver si el pan se cuece, y con eso lo único que logramos es que jamás llegue a hacerlo. 
Allí donde nos apegamos a los resultados, nos resulta  difícil renunciar al control. Pero,  ¿ cómo podemos saber qué resultado tratar de conseguir en una situación cuando no sabemos lo que va a suceder mañana ? ¿ Qué es lo que pedimos ? En vez de  " Dios amado, por favor deja que nos enamoremos, o por favor dame este trabajo ", digamos " Dios amado, mi deseo, mi primera prioridad es la paz interior. Quiero la vivencia del amor.No sé lo que eso me aportará, y dejo en Tus manos el resultado de esta situación. Confío en lo que T ú quieras. Hágase Tu voluntad. Amén ".
Yo sentía que no podía darme el lujo de relajarme porque Dios tenía que pensar en cosas más importantes que mi vida. Finalmente me di  cuenta de que Dios no es caprichoso, sino que es más bien un amor impersonal por todo lo que vive. Mi vida no es ni más ni menos preciosa para Él que cualquier otra. Entregarnos a Dios es aceptar el hecho de que Él nos ama y se ocupa de nosotros, porque ama y se ocupa de todo lo que vive. La entrega no obstruye nuestro poder; lo intensifica. Dios es simplemente el amor que hay dentro de nosotros, de manera que retornar a Él es retornar a nosotros mismos.
VOLVER AL AMOR
MARIANNE WILLIAMSON
Basado en los principios de

1. EL INFIERNO
" El infierno no tiene cabida en un mundo cuya 
hermosura puede todavía llegar a ser tan deslumbrante 
y abarcadora que sólo un paso la separa del Cielo"

La oscuridad
" Tu viaje hacia la oscuridad ha sido largo y penoso,
y te has adentrado muy profundamente en ella."
Lo que sucedió con mi generación fue que nunca crecimos. El problema no es que estemos perdidos o seamos apáticos, narcisistas o materialista. El problema es que nos sentimos aterrados.
Muchos sabemos que tenemos lo que se necesita: la presencia, la educación, el talento, las credenciales... Pero en ciertos dominios estamos paralizados. No nos detiene algo de afuera, sino algo de adentro. Nuestra opresión es interna. No nos refrena el gobierno, ni el hambre ni la pobreza. No tenemos miedo de que nos envía a Siberia. Tenemos miedo, y punto. Tenemos miedo de que nuestra relación de pareja no sea la que necesitamos, o de sí lo sea. Tenemos miedo de no gustar a los demás  o de gustarles. Tenemos miedo del fracaso o del éxito. Tenemos miedo de morirnos jóvenes y también de envejecer. Tenemos más miedo de la vida que de la muerte.
Se diría que habríamos de sentir cierta compasión por nosotros mismos, inmovilizados como estamos por cadenas emocionales, pero no es así. Sólo nos sentimos avergonzados de nosotros mismos, porque pensamos que a estas alturas deberíamos ser mejores. A veces cometemos el error de creer que los demás no tienen tanto miedo como nosotros,y eso sólo sirve para asustarnos más. Quizás ellos sepan algo que nosotros no sabemos. Tal vez nos falte algún cromosoma.
En nuestros días está de moda culpar prácticamente de todo a los padres. Pensamos que por su culpa tenemos tan poca autoestima. Si ellos hubieran sido diferentes, estaríamos rebozantes de amor por nosotros mismos. Pero si te fijas bien en la forma en que te trataban tus padres, verás que - salvo casos extremos - cualquier maltrato que hayas recibido en el pasado de ellos era leve si  lo comparas con la forma en que te maltratas tú hoy. Es verdad que quizá tu madre te haya dichos muchas veces:
- Jamás serás capaz de hacer eso.
Pero lo que tú te dices ahora es:
- Eres idiota. Nunca haces nada bien. La cagaste. Te odio.
Quizás ellos nos hayan tratado mal, pero nosotros somos crueles.
Nuestra generación se ha hundido en un autoaborrecimiento apenas disimulado. Y siempre, desesperadamente incluso, es tamos buscando una salida, ya sea por la vía del crecimiento o por la de la huida. Tal vez con este diploma lo consigamos, o con este trabajo, este seminario, este terapeuta, esta relación, esta dieta o este proyecto.
Pero con demasiada frecuencia la medicina no llega a curarnos, y las cadenas  se hacen cada  vez más gruesas y estrechas. Los mismos seriales se repiten con diferentes personas en diferentes ciudades. Empezamos a darnos cuenta de que el problema somos, de alguna manera, nosotros mismos, pero no sabemos qué hacer con ese descubrimiento. No tenemos suficiente poder para frenarnos. Todos lo saboteamos, todo lo abortamos: nuestra carrera, nuestras relaciones, hasta nuestros hijos. Bebemos, nos drogamos, controlamos, nos obsesionamos, codependemos, comemos en exceso, nos escondemos, atacamos... La forma no viene al caso. Somos capaces de encontrar un montón de maneras  diferentes de expresar hasta qué  punto nos odiamos.
Pero sin duda lo expresaremos. La energía emocional tiene queir a alguna parte, y el autoaborrecimiento es una emoción poderosa. Si se vuelve hacia adentro, se convierte  en  nuestros infiernos personales: adicciones, obsesiones, compulsiones, depresión, relaciones violentas, enfermedades...
Proyectado hacia afuera, se  convierte en nuestros infiernos colectivos: la violencia, la guerra, el crimen, la opresión... Pero todo es lo mismo: el infierno también tienen  muchas mansiones.
Recuerdo, hace años, haber tenido una imagen mental que me asustó terriblemente. Veía a una niña, dulce e inocente, que llevaba un delantal blanco de organdí, acorralada contra la pared, gritando desesperadamente. Una mujer maligna e histérica le atravesaba repetidas veces el corazón con un cuchillo. Yo sospechaba que era ambos personajes, que  los dos vivían como fuerzas psíquicas dentro de í. A medida que pasaban los años, iba sintiendo cada vez más miedo a aquella mujer del cuchillo. Era algo activo dentro de mí. Escapaba totalmente de  mi control, y yo tenía la sensación de que quería matarme.
Cuando estaba más desesperada, busqué un montón de maneras de salir de mi infierno personal. Leí libros sobre la forma  en que la mente crea nuestra experiencia, sobre cómo el cerebro es una especie de ordenador biológico que elabora cualquier información que introduzcamos en él con nuestros pensamientos. "Piensa en el éxito y lo alcanzarás ".  " Si  esperas fracasar lo conseguirás " , leía. Pero por más que me esforzaba en cambiar mis pensamientos, seguía volviendo a los que más me dolías. Se produjeron avances pasajeros:  me esforzaba por tener una actitud más positiva, por recuperarme y conocer a otro hombre o conseguir un nuevo trabajo. Pero volvía siempre a la pauta familiar de traicionarme a mi misma. Finalmente me portaba de una manera odiosa con el hombre o saboteaba el trabajo. Perdía cinco kilos y los recuperaba rápidamente, aterrorizada por  la sensación e parecer atractiva. Lo único que me asustaba más que no llamar la atención de los hombre era provocarla en exceso .El surco del sabotaje era profundo, y su funcionamiento automático . Es cierto que podía cambiar mis pensamiento , pero no de forma pe rmanente. Y no hay más que una variante de desesperación peor que " Cielos, metí la pata ", y es " Cielos, la volví a meter ".
Mis pensamiento dolorosos eran mis demonios, y los demonios son insidiosos. Por mediación de diversas técnicas terapéuticas, llegué a estar muy al tanto de mis propias neurosis, pero eso no necesariamente las exorcizaba. La basura no se iba; simplemente se refinaba. A veces le explicaba a alguien cuáles eran mis punto débiles, y usaba un  lenguaje tan consciente que sin duda esa persona debía pensar que evidentemente yo me conocía muy bien y que jamás volvería a hacer aquello.
Pero sía que lo hacía. Reconocer mis debilidades no era más que una manera de desviar la atención. Y  entonces perdía los estribos y me comportaba de una manera atroz y escándalos con tal rapidez y naturalidad que nadie, y yo menos que nadie, podía hacer  nada para detenerme antes de haber arruinado por completo una situación. Decía exactamente las palabras que harían que mi pareja me abandonara, o me diera una bofetada, o las precisas para que me despidieran del trabajo, o algo peor. En aquel entonces jamás se me ocurrió pedir un milagro.
Aunque, en realidad, no habría sabido qué era un milagro, ya que los ponía en la categoría de la basura pseudo-místico-religiosa. No sabía, hasta que leí Un curso de milagros, que es razonable pedir un milagro. No sabía que no es más que un cambio en la manera de percibir.
Una vez estuve en una reunión de personas que seguían un programa de 12 Pasos y le pedían a Dios que las librara del deseo de beber. Yo  nunca había tenido ningún comportamiento adictivo en particular. Lo que me estaba haciendo polvo no era el alcohol ni tampoco otros drogar; era mi personalidad en genera, esa  mujer histérica que llevaba dentro. Para mí,  mi negatividad era tan destructiva como el alcohol  para el alcohólico. Cuando se trataba de encontrarme yo misma la yugular, era una artista. Era como si fuera adicta a mi propio dolor.  ¿ Podía pedirle a Dios que me ayudara con aquello ? Se me ocurrió que, lo mismo que con cualquier otro comportamiento adictivo, quizás un poder mayor que yo misma podría cambiar completamente las cosas, algo que no habían podido hacer ni mi intelecto ni mi fuerza de voluntad. Entender lo que había sucedido cuando tenía tres años no había sido suficiente para liberarme. Los problemas que yo pensaba que finalmente desaparecerían, seguían empeorando año tras año.No había evolucionado emocionalmente tal como debería haberlo hecho, y lo sabía. Era como si hubiera habido un corto circuito en algún profundo lugar de mi cerebro. Como muchas otras personas de mi generación  y mi cultura, había  perdido el rumbo hacía muchos años y, en ciertos sentidos, simplemente nunca llegué a crecer. Hemos tenido la postadolescencia más larga de la historia. Como víctimas de una parálisis emocional,  necesitamos retroceder unos pocos pasos para seguir avanzando. Necesitamos que alguien nos enseñe los elementos básicos.
En cuanto a mí, me metiera donde me metiera, siempre había pensado que podía arreglármelas sola para salir del lío. Era lo bastante guapa, o lo bastante lista, o tenía suficiente talento o inteligencia... y si nada de eso me servía, podía llamar a mi padre para pedirle dinero. Pero finalmente me metí en tantos líos que comprendía que necesitaba más ayuda de la que yo podía conseguir. En las reuniones de los programas de 12 Pasos seguía oyendo decir que un poder más grande que yo podía hacer por mí lo que yo no podía hacer sola. No me quedaba nada más que hacer ni nadie más a quien llamar. Finalmente, el miedo llegó a ser tan grande que ya no me sentí demasiado moderna para decir : " Dios, por favor, ayúdame " .
VOLVER AL AMOR
MARIANNE WILLIAMSON
Basado en los principios de
Un Curso de Milagros.